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jueves, 18 de noviembre de 2010
domingo, 4 de abril de 2010
Domingo de Resurrección
Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron:
"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado."
Lucas 24, 1-6.
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sábado, 3 de abril de 2010
Exsultet

Alégrese en el cielo el coro de los ángeles.
Sí, que se alegren todos los ángeles,
y por la victoria de un Rey tan grande,
resuene la trompeta de la salvación.
Goce también la tierra inundada de tanta luz,
y brillante con el resplandor del Rey eterno,
se vea libre de las tinieblas que cubrían el mundo entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
adornada con fulgores de luz tan brillante,
y resuenen en este templo las aclamaciones del pueblo.
Realmente es justo y necesario aclamar con nustras voces
y con todo el fervor de la mente y del corazón
al Dios invisible, Padre todopoderoso,
y a su único Hijo nuestro Señor Jesucristo:
Él pagó por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán,
y borró con su sangre la condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Ésta es la noche en que sacaste de Egipto
a los hijos de Israel, nuestros padres,
y los hiciste cruzar a pie el Mar Rojo.
Ésta es la noche que disipó las tinieblas del pecado
con el resplandor de la columna de fuego.
Ésta es la noche que a todos los que creen en Cristo
esparcidos por el mundo entero,
liberados de los vicios y de las tinieblas del pecado,
hoy los devuelve a la gracia y los une a los santos.
Ésta es la noche en la que Cristo
rompió los lazos de la muerte
y surgió victorioso del abismo.
¡Qué admirable es tu bondad con nosotros!
¡Qué inestimable la predilección de tu amor:
para rescatar al esclavo, entregaste a tu Hijo!
Ciertamente necesario fue el pecado de Adán
que fue borrado con la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que nos mereció tan noble y tan grande Redentor!
Por eso, la santidad de esta noche
aleja toda maldad, lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos
y la alegría a los afligidos;
disipa los odios, trae la concordia y doblega a los soberbios.
¡Noche verdaderamente feliz
en la que el cielo se une con la tierra,
lo divino y lo humano!
En esta noche de gracia, recibe, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta alabanza
que la santa Iglesia te presenta
por medio de tus ministros,
en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas.
Por eso, te rogamos, Señor,
que este cirio consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda constantemente, y aceptado por ti
como suave perfume se asocie a los astros del cielo.
Que el lucero de la mañana lo encuentre ardiendo,
aquel lucero que no conoce ocaso,
Jesucristo, tu Hijo, que volviendo de los abismos
resplandeció sereno para el género humano.
Quien vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Sí, que se alegren todos los ángeles,
y por la victoria de un Rey tan grande,
resuene la trompeta de la salvación.
Goce también la tierra inundada de tanta luz,
y brillante con el resplandor del Rey eterno,
se vea libre de las tinieblas que cubrían el mundo entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
adornada con fulgores de luz tan brillante,
y resuenen en este templo las aclamaciones del pueblo.
Realmente es justo y necesario aclamar con nustras voces
y con todo el fervor de la mente y del corazón
al Dios invisible, Padre todopoderoso,
y a su único Hijo nuestro Señor Jesucristo:
Él pagó por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán,
y borró con su sangre la condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Ésta es la noche en que sacaste de Egipto
a los hijos de Israel, nuestros padres,
y los hiciste cruzar a pie el Mar Rojo.
Ésta es la noche que disipó las tinieblas del pecado
con el resplandor de la columna de fuego.
Ésta es la noche que a todos los que creen en Cristo
esparcidos por el mundo entero,
liberados de los vicios y de las tinieblas del pecado,
hoy los devuelve a la gracia y los une a los santos.
Ésta es la noche en la que Cristo
rompió los lazos de la muerte
y surgió victorioso del abismo.
¡Qué admirable es tu bondad con nosotros!
¡Qué inestimable la predilección de tu amor:
para rescatar al esclavo, entregaste a tu Hijo!
Ciertamente necesario fue el pecado de Adán
que fue borrado con la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que nos mereció tan noble y tan grande Redentor!
Por eso, la santidad de esta noche
aleja toda maldad, lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos
y la alegría a los afligidos;
disipa los odios, trae la concordia y doblega a los soberbios.
¡Noche verdaderamente feliz
en la que el cielo se une con la tierra,
lo divino y lo humano!
En esta noche de gracia, recibe, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta alabanza
que la santa Iglesia te presenta
por medio de tus ministros,
en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas.
Por eso, te rogamos, Señor,
que este cirio consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda constantemente, y aceptado por ti
como suave perfume se asocie a los astros del cielo.
Que el lucero de la mañana lo encuentre ardiendo,
aquel lucero que no conoce ocaso,
Jesucristo, tu Hijo, que volviendo de los abismos
resplandeció sereno para el género humano.
Quien vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
(Himno del siglo IV probablemente de San Ambrosio,
que desde entonces pertenece a la liturgia)
Extraído del Devocionario de la Familia
del P. Ramiro J. Sáenz
"Solo Dios Basta"
Ediciones Gladius 1996
p. 212
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Sábado Santo

"En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús" Juan 19, 41 -42
Muerte y Resurrección
Al morir mi amigo
algo de mí
que ya era él
se fue.
Algo de mí
resucitó en él.
Algo de él
que todavía es yo
se quedó.
Algo de él
espera en mí resurrección.
El tiempo al andar
parece devorar
todo el amor.
Pero cuanto más aleja
en el pasado mi recuerdo,
más me acerca
al encuentro sin distancia
del futuro.
Aunque en mí
cada día tiene
su poda, su espera y su cosecha,
para él
ya toda la historia se cumplió;
yo llegué con él,
a allí estoy.
Gracias, Señor.
Al morir mi amigo
algo de mí
que ya era él
se fue.
Algo de mí
resucitó en él.
Algo de él
que todavía es yo
se quedó.
Algo de él
espera en mí resurrección.
El tiempo al andar
parece devorar
todo el amor.
Pero cuanto más aleja
en el pasado mi recuerdo,
más me acerca
al encuentro sin distancia
del futuro.
Aunque en mí
cada día tiene
su poda, su espera y su cosecha,
para él
ya toda la historia se cumplió;
yo llegué con él,
a allí estoy.
Gracias, Señor.
Benjamín González Buelta sj.
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viernes, 2 de abril de 2010
Viernes Santo

"Cuando llegaron al lugar llamado -del Cráneo-, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda." Lucas 23, 33.
Herir al Infinito
No crece la vida de Dios
desde la muerte humana,
sino la plenitud humana
desde la muerte de Dios.
No realza la fortaleza de Dios
la debilidad nuestra,
la debilidad de Dios
construye nuestra fortaleza.
Porque sólo los ídolos
se alimentan de la sangre ajena,
pero Dios derrama la suya
para salvar la nuestra.
El cauce frío del hierro
que desgarra la carne,
horada con el mismo golpe
el corazón encarnado de Dios.
Y donde un golpe nos hiere,
acude incesante el agua viva,
pues sólo puede manar Amor
por el boquete abierto al Infinito
Benjamín González Buelta sj.
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jueves, 1 de abril de 2010
Santo Triduo Pascual

"Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apósotoles y les dijo: He deseado ardientemente comer esta pascua con ustedes antes de mi Pasión" Lucas 22, 14.
Hoy la Iglesia comienza la celebración del Santo Triduo Pascual, tres días durante los cuales hacemos memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, Nuestro Señor.
Dios de Jesús
Jesús de Nazaret,
¿Qué Dios nos revelaste?
No construiste un arca como Noé
para salvarte con los justos
No edificaste como Salomón
un templo morada de Yahvé
No condujiste como Moisés
un pueblo a la tierra prometida.
No tuviste como Abraham
una constelaciòn de descendientes.
Tú, Jesús,
ahogado en el diluvio
vida derramada por las calles,
templo desmoronado
en tu cuerpo indefenso,
geografía sin fronteras
y sin puño propietario,
pueblo universal
latiendo en toda sangre
¿qué Dios nos revelaste?
Jesús de Nazaret,
limitado y corporal
universal y ajusticiado,
el único futuro
tan presente,
¿qué Dios nos revelaste?
Benjamín González Buelta sj.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009
Obra de San José

Leyendo el último número del Boletín de Espiritualidad de la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús, en su edición n° 227, el artículo del Padre Diego Fares sj. sobre el Hogar San José, se despertó mi curiosidad y lo googlié. Me encontré con una sorpresa. La presencia silenciosa del Reino en medio de nuestra Megaurbe que es Buenos Aires. El Hogar es parte de la Obra de San José, obra social de la Compañía.
Los invito pues a que ustedes también puedan sorprenderse.
Un abrazo
Juan
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